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jueves, 9 de marzo de 2017

VELÁZQUEZ, TRES OBRAS VISTAS DE MANERA RÁPIDA

Cabeza de apóstol
1619

Se trata sin duda de unas de las obras que reflejan los primeros despuntes de Velázquez como maestro.

De ella destacan muchas cosas. Entre otras, el empleo de una gama cromática muy uniforme hecha a base de ocres que le ofrecen una calidez y una calidad suprema a un retrato que tiene mucho que ver con la forma en la que su maestro y suegro, Francisco Pacheco, plasmaba algunos detalles como es el caso del pelaje y la expresión.

Se empieza a adivinar el interés del pintor por mostrar una introspección pscológica muy profunda sobre sus cuadros, hasta tal punto que, sin conocerlo mucho, podemos hablar de este señor como alguien sumamente espiritual, alejado del mundo que le rodea (de hecho tiene la mirada perdida) y con una serie de rasgos físicos que, a pesar de ser bastante rudos, no lo convierten en un ser despreciable, sino más bien todo lo contrario: en una persona cercana y con la que el espectador se siente muy cómodo.

Adoración de los Reyes Magos
1619

La influencia de la pintura y la forma de hacer de Pacheco sobre Velázquez durante esta etapa es indudable; hasta el punto de que el Rey de mayor edad de este cuadro es precisamente él: Francisco Pacheco; mientras que el de la capa amarillenta es el propio Velázquez y ella, su esposa Juana Pacheco.

Se empieza pues a observar ese interés del pintor por incluir facetas personales muy curiosas sobre sus lienzos, es decir: el mundo real con el contenido histórico.

La composición casa muy bien con su forma de entender los cuadros durante su etapa sevillana: tema directo, sencillo, claro, marco consecuente y otras serie de aspectos que hace que no se desvíe la atención de lo que en realidad está sucediendo. Finalmente uno de los aspectos más curiosos es ese interés que irá adquiriendo con el paso de los años en individualizar cada personaje y dotarle de un sentido y una personalidad propia dentro del grupo.

El infante Don Carlos
1627

Hecho ya durante su etapa cortesana, Velázquez refleja con una maestría sin igual la figura del hermano Felipe IV, el cual siempre estuvo a la sombra de este.

Sin embargo, es representado de una forma digna, sin lujos ni estridencias, es cierto, pero con toques cultos que reflejan la nobleza del infante, como es el sombrero o el guante; accesorios que los sostiene de tal forma que no llaman excesivamente la atención pero tampoco pasan desapercibidos, pues a través de ellos nos hablan de la categoría social del mismo.

Y otro de los aspectos relevantes es el tratamiento que hace de la luz y del color. ¡Qué maravilla! La gama cromática es relativamente escasa, pero gracias al tratamiento de las luces y las sombras crea un juego de contrastes muy sugerente que hace resaltar algunos detalles que a él le interesan, como son las manos, la banda y el rostro, las partes esenciales y más importantes del cuadro.

miércoles, 1 de marzo de 2017

¿POR QUÉ LLAMAMOS "BOTTICELLI"... A BOTTICELLI?

Qué duda cabe que Sandro Botticelli ha sido uno de los más ilustres artistas de la historia del arte en general y del Renacimiento en particular.

Pero, ¿por qué se le conoce como 'Sandro Botticelli' si en realidad su nombre era Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi?

Veamos. Por todos es bien sabido que en cualquier ciudad que se precie los apodos constituyen una forma ideal para conocer a los demás. Esto, que no es nada nuevo, también ocurría en la Florencia del siglo XV, contexto en el que vivió nuestro protagonista.

Dado que el pintor era el menor de los hermanos, los vecinos decidieron empezar a llamarle cariñosamente "Sandro", un diminutivo de "Alessandro", que era su nombre real.

Hasta ahí todo normal. Pero, ¿de dónde viene lo de "Botticelli"? Veamos.

Al parecer Giovanni, uno de sus hermanos mayores y a su vez su cuidador, era dado a la buena vida como el que más. Tanto es así, que se dice que su afición a la bebida y a la comida llegaba a límites exasperantes, algo que unido a su limitada altura le llevó irremediablemente a engordar de forma soberana en pocos años. A partir de entonces Giovanni empezó a ser conocido como Giovanni "Botticello", palabra que en castellano se traduciría como "Botijo", aludiendo sarcásticamente a su condición de obeso.

A partir de entonces y dado que Sandro pasaba gran cantidad de tiempo con su hermano, los vecino le colgaron también a él este sambenito, de tal forma que el nombre de Sandro Botticelli venía a significar algo así como "El hermano pequeño del 'botijo' de Florencia", apodo con el que pasaría a la historia del arte y por el que sin duda es conocido en cualquier rincón del planeta.

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