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jueves, 21 de junio de 2018

COMENTARIO - "SAN HUGO EN EL REFERTORIO DE LOS CARTUJOS" (FRANCISCO DE ZURBARÁN)

Si hay un pintor ligado a la vida monacal ese es Francisco de Zurbarán, pues pocos como él supieron captar con tanta naturaleza y delicadeza la espiritualidad de los monjes en un contexto social marcado por la Contrarreforma. Cabe destacar su nombramiento como "maestro de la ciudad de Sevilla", lugar en el que desarrollaron parte de su trabajo artistas de la talla de Alonso Cano, Murillo e incluso Velázquez.

BREVE RESEÑA SOBRE EL AUTOR

Francisco de Zurbarán nació allá por 1598 en Fuente de Cantos (Badajoz) y murió en 1664 en Madrid. Sus padre fue un mercero de origen vasco y su madre, una señora natural de Extremadura. Empezó su formación en el taller del "pintor de imágenes sagradas" Pedro Díaz de Villanueva a la edad de 15 años. Cabe destacar la relación que se le atribuye con Velázquez y su estilo marcado por el misticismo. Aunque es evidente que algunas de sus obras tienen una clara relación con la forma de hacer de Caravaggio, es cierto que fue evolucionando hasta el casi manierismo procedente de Italia.



COMENTARIO

Este cuadro, junto a "La Virgen de los cartujos" y "La visita de San Bruno al papa Urbano II", fue fruto de un encargo de la cartuja de Santa María de las Cuevas, próxima a Sevilla y representa una escena acontecida a los monjes fundadores de la Orden de los Cartujos en Grenoble.
Representa la escena de la visita de San Hugo a la Orden. Según cuenta la tradición, San Hugo los visitó y les pidió a los monjes carne para comer. Estos, que la tenían prohibida, se debatían entre comerla o contrariar al monje; y en esta tesitura cayeron en un profundo sueño que duró 45 días. Pasado este tiempo, San Hugo envió a su criado para avisar a los monjes de una nueva vista. Al llegar, encontraron a los monjes en la misma estancia y con la carne aún dispuesta para comer a pesar de estar en tiempo de Cuaresma. San Hugo, tras hacer la señal de la cruz sobre la comida, la hizo cenizas; una señal de que en la regla de no poder comer carne no cabían discusiones.



Al mirar por primera vez el cuadro, uno de los aspectos que más llama la atención es la paleta o gama de colores que usa en él; prediminando claramente los blancos, ocres y grises y en menor medida azules, transparentes y malvas. Tan sólo rompe esta dinámica el cuadro del fondo, en el que se puede ver a la Virgen, el Niño y San Juan Bautista con coloridas túnicas. Además llama la atención el modelado de todos los personajes, muy marcado y trabajado y que se aleja de las formas planas de su primera etapa. Los luminosos colores así como los perfiles destacan sobre todas ellas.

En cuanto a la composición, podemos diferenciar tres planos. En primer lugar, de perfil y en el centro de la composición está el paje de San Hugo, mientras que en la parte derecha del cuadro y ya con marcada anatomía de una persona anciana, el propio santo. En segundo lugar está la mesa, donde destacan algunos elementos como las jarras, los panes y la cubertería. Finalmente y en tercer plano, los monjes fundadores de la Orden, entre los que destaca en la parte central San Bruno. Todos ellos se distribuyen a través de la línea horizontal de la mesa.

En cuanto a la estancia, se podría decir que consta de poca profundidad y es notablemente austera: tan sólo rompen la dinámica el cuadro del fondo y una simple iglesia que se observa tras el arco de la parte derecha.

Del mismo modo son llamativos los rostros de los personajes, quienes están visiblemente demacrados fruto tal vez del ayuno, algo que viene a hablarnos sobre la dura y marcada vida que llevaban a cabo en la cartuja.

Una obra en definitiva que resume el compromiso de Zurbarán con la temática religiosa, marcada de naturalismo, sencillez y con un interés por marcar el contrastre entre las formas. Son especialmente admirables sus naturalezas muertas y la forma de trabajar las expresiones, las cuales están llenas de puro sentimiento. Al final de su vida, su producción se centra a la exportación de obras hacia América, concretamente hacia México, algo que casa y a su vez tiene relación con el auge de los encargos de obras a Murillo.
  

"San Hugo en el refectorio de los cartujos", Francisco de Zurbarán, 1655, 2,68 x 3,18, Museo de Bellas Artes de Sevilla
 

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