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miércoles, 27 de abril de 2016

EL IMPRESIONISMO: UN MOVIMIENTO ARTÍSTICO REVOLUCIONARIO

El Impresionismo fue desde sus inicios un movimiento artístico tan revolucionario como apasionante en el campo de la pintura. Artistas como Manet, Millet, Díaz de la Peña, Corot, Daumier o Courbet ya se aproximarían a él entre los años 1865 y 1880 aproximadamente, haciendo uso de las pinceladas sueltas y el empleo de una paleta cromática clara que luego caracterñizaría a los demás pintores. Pero, ¿qué es, cómo surge y por qué triunfa? ¿Es un estilo propiamente dicho o una forma de pintar de algunos artistas? He aquí algunas claves para entender este apasionante movimiento.

LA PINTURA AL AIRE LIBRE: UNA SEÑA DE IDENTIDAD. 
Aunque esto ya se había venido practicando a lo largo del siglo XIX, se convierte en una seña de identidad gracias entre otros a Eugéne Boudinm quien entre 1860 y 1870 se encargó de formar a un grupo de pintores que trabajaban alrededor de las costas normandas y en las inmediaciones de París. Curiosamente casi todos ellos pintaban con una gama de colores muy oscuras, pero otros como Manet preferían optar por unas tonalidades más claras y luminosas.

"La música en las Tullerías", Manet, 1862

NOVEDADES EN LOS TEMAS.
 Se rompe con las artificiales composiciones realistas de autores como Courbet, centrado en temas de caracter social. El objetivo ahora es sólo pintar "lo que existe de verdad y lo que se ve" ante nosotros. Es cierto que los impresionistas se llegan a dar cuenta de que en realidad no existen temas "insignificantes" como tal, sino obras bien o mal resultas.

"La absenta", Degas, 1876
En este caso, los paisajes, los mares o los ríos son pintados hasta la saciedad, jugando con las luces y los reflejos de una forma absolutamente exquisita, aunque también se hacen cuadros sobre vistas urbanas, interiores, fiestas en las que predomina normalmente el movimiento o el juego de luces, etc. En realidad se trata de una respuesta a la pintura oficial de la burguesía en favor de los temas vanales de la mayor parte de la sociedad.

"Nenúfares" de Monet, 1919.

NUEVO TRATAMIENTO DE LA LUZ Y DEL COLOR. 
Una de las primeras premisas que se propusieron artistas como Manet y Pissarro fue la plasmación de la realidad natural, motivo por el cual hicieron algunas concesiones un tanto radicales, como la supresión del color negro, el cual no existe en la naturaleza. Una de las principales aportaciones de Manet fue el empleo de los "colores claros" sobre los "colores claros", es decir, empleaba una gama luminosa para sus composiciones y usaba colores fríos y brillantes para las sombras. Esto que parece algo meramente técnico, era una gran aportación: se dieron cuenta de que en realidad ni el color ni la forma existen como tal, sólo existe la relación aire-luz-atmósfera. Por ello la luz cobrará gran relevancia en muchas composiciones hasta el punto de que muchos pintores dibujan el mismo enclave en diferentes horas del día para jugar así con los efectos cambiantes de la atmósfera del lugar. Prueba de ello es la serie de "Las catedrales" de Monet.


PINCELADA SUELTA Y LIGERA. 
Otra gran aportación fue la novedad en el empleo de pinceladas vigorosas, sueltas y ligeras a veces con mucha pasta pictórica y otras diluyendo el óleo para conseguir casi el efecto de la acuarela. Todo ello es fruto del rápido trabajo que exige la pintura al aire libre. No se busca que el cuadro sea totalemente real y nítido, sino que exista un equilibrio entre la masa y el color que permita apreciarlo por su propia entidad material. De este modo las obras dejan de ser la "ventana abierta" de los renacentistas para convertirse en "objetos autónomos".

"Norwood", Camile Pissarro

CAMBIO EN EL ESPACIO ILUSORIO.
Los ángulos y los encuadres son mucho más atrvidos y cambiantes, con figuras fuera del eje de composición, desplazadas hacia los lados o incluso cortadas por los bordes del cuadro. Es una especie de contradicción, pues por un lado los pintores renuncian a la perspectiva geométrica como tal, pero también plasman en sus obras un cierto espacio proyectivo, tal y como ocurre con la fotografía. Es, en definitiva, una "impresión luminosa fugaz". Por ello para algunos el Impresionismo es el primer movimiento moderno, mientras que para otros es  la "última manifestación de la pintura clásica".

"Las amapolas", Monet, 1873

NUEVA RELACIÓN ENTRE ARTE Y CIENCIA. 
Existe un punto de conexión entre el arte y la ciencia gracias en gran parte a las aportaciones del físico Chevreul en la primera mitad del siglo XIX. De todas formas, la influencia de los pintores impresionistas en estas teorías no ha sido tan patente como tradicionalmente se ha dicho o, si lo ha sido, no lo fue tanto como la de los neoimpresionistas. La ciencia influye en el arte gracias en parte a la fotografía y ese afán por conseguir nuevos enfoques y métodos. De esta forma el artista y el científico, aunque se dedican a cosas totalmente distintas, coinciden en su objetivo por "desvelar y dar coherencia a la realidad".

"Puente de Villeneuve-la-Garenne", Sisley, 1872


EL PÚBLICO Y EL ARTISTA CAMBIAN SU RELACIÓN.
 Dado lo anterior, los espactadores ya no adoptan una actitud pasiva ante el trabajo del artista, sino que se implica y participa de sus premisas mentales y técnicas. Dicho de otra forma: el cuadro se elabora como algo inacabado (una "impresión") y que hay que reconstruir mentalmente. Y esto, evidentemente, tiene sus consecuencias. En sus primeros años, tan sólo una minoría era consciente de la importancia que suponía este hecho y de la gran aportación artística que suponía el Impresionismo. No es por lo tanto extraño que muchos de los grandes impresionistas fuesen en sus inicios rechazados y tachados de incapaces por los críticos de arte, algo que, dicho de paso, sucede con casi todas las vanguardias en sus primeros pasos.

"Louveciennes mit Mont Valerien", Pissarro, 1870

Los pintores evidentemente no querían ser rechazados pro sus contemporáneos, querían apuntarse a la vanguardia cultural, de hecho autores como Manet o Monet intentaron siempre exponer sus obras en las grandes salas y certámenes. Habría que esperar al final de la guerra y de la Comuna para que se formase un frente unido de artistas dado que era impsoible conseguir el éxito de forma individual y siguiendo los canales de propaganda tradicionales. El grupo durará hasta 1880 aproximadamente, cuando triunfan los autores más significativos, pasando así de ser una "vanguardia" a convertirse en algo casi "académico"; ante lo cual surgen reacciones por parte de otros artistas, una dinámica que no ha hizo más que acentuarse con el paso de los años.

"Impresión, sol naciente", Monet, 1872


LA RELACIÓN ENTRE LOS PROPIOS ARTISTAS.  
 -
Taller del fotógrafo Nadar
en el Boulevard des Capucines parisino,
donde en 1874
tendría lugar la primera exposición impresionista
Los impresionistas son conscientes de que han surgido de una corriente artística totalmente espontánea y son coherentes con ello. En 1860 aproximadamente, algunos como Sisley, Renoir o Bazille, todos ellos con una edad no superior a los 25 años, trabajan siguiendo la estela de Monet, aunque el ídolo en realidad es Manet y, en menor medida, Pissarro, quien era varios años mayor que ellos. Se reunían y charlaban en el Café Guerbois donde acudían otros como Cézanne, Degas, el crítico Duranty o novelistas como Cladel o Emile Zona. Es en este contexto donde se conjuga la voluntad general de "crear un nuevo arte, un nuevo movimiento" y, a pesar de no estar en su fase de madurez, todos ellos ya aventuran de algún modo lo que va a suceder. Tras la guerra el grupo se vuelve a unir y artistas como Pissarro y Monet, que habían estado en Londres, se hacen más conscientes de la necesidad de pintar paisajes al aire libre.

A pesar de los vaivenes iniciales y de estar al margen del gusto de la época, hacen frente a ello y forman la "Sociedad anónima de pintores, escultores y grabadores" que en 1874 organizará su primera exposición en los salones del fotógrafo Nadar. El escándalo fue mayúsculo: los críticos se burlaron de ellos hasta la saciedad. Leroy de "Le Charivari" les calificó como "impresionistas", como ahora se conocen, pero en este caso con un tono totalmente despectivo. Sin embargo surgió a la par otro pequeño grupo de defensores que adoraban esta nueva forma de pintar y veían necesario una revalorización de su arte. Hubo otras exposiciones (1876, 1877), pero en 1879 empiezan a diseccionarse ya que algunos no acuden a estas citas, a pesar de que las cifras de asistencia para contemplar sus obras iban en aumento (unos 15.400 visitantes aproximadamente).

"La danza Foyer en la ópera, en la Rue Le Peletier", Degas, 1872
A partir de estas fechas el grupo empieza a dividirse y comienza una revalorización cultural importante, para nada imaginada en sus inicios. Ni Sisley, ni Monet ni Renoir acuden a la exposición de sus companeros en 1880. Pissarro y Degas quedarían como los "jefes" del grupo, pero las constantes divisiones internas hacen que el marchante del grupo Durand Ruel se decante por hacer exposiciones individuales. El movimiento se desvanece y aunque los pintores siguen haciendo obras, cada uno trabajaría ya de forma casi individual, siguiendo su propio camino. De esta forma se cierra una de las características más fundamentales del impresionismo: el importante papel del "grupo" como respuesta a las adversidades, para dar a entender de esta forma la nueva pintura y su función.

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