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jueves, 16 de junio de 2016

"EL VAGÓN DE TERCERA CLASE", (DAUMIER, 1864). COMENTARIO Y ANÁLISIS

El vagón de tercera clase es una de esas obras por las que, irremediablemente, el espectador siente al observarla plena curiosidad e intriga, pues estamos ante uno de esos cuadros donde la introspección psicológica es claramente su punto más fuerte.

"El vagón de tercera clase", pintado por el pintor francés Honoré Daumier (1808-1879) en 1864 usando la técnica del óleo sobre lienzo. Se enmarca dentro de realismo francés, cuenta con unas medidas de 65,5 x 90 cm y actualmente se conserva en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York

Cuando Daumier pintó esta obra quiso denunciar la situación social de los más desfavorecidos en las grandes ciudades, quienes, fruto de su pobreza y precario estado de vida, se veían obligados a llevar una vida casi miserable y viajar, como vemos en el cuadro, en medios de transporte totalmente lúgubres.

Para ello, se vale de los personajes que tenemos frente a nosotros. Todas las miradas llevan donde está la anciana: no parece feliz, tampoco triste, pues se mantiene totalmente ausente con la mirada perdida como muestra de resignación. A su izquierda, una joven amamanta a su bebé, dignificando así la vida humana en un ambiente tan oscuro. A la derecha de la anciana, un niño está dormido y apoya su cabeza sobre la mujer. Posiblemente este sea el hijo mayor de la mujer de mediana edad y esta, a su vez, hija de la anciana. Se trata pues de una escena familiar.

Contrasta todo ello con los señores con chistera que hay tras ellos. Parece que conversan tímidamente. Su vestimenta invita a pensar que son pequeños burgueses o empleados de las fábricas, pero, a pesar de que su vestimenta es un tanto más "digna" que los viajeros que están ante nosotros, no dejan de ser viajeros de tercera tristes, cansados y con actitudes melancólicas propias de la sociedad trabajadora del momento. La sensación que transmiten es, en definitiva, de auténtico hastío, indiferencia y aburrimiento: un fiel reflejo de la vida industrial en las ciudades del momento.

Cabe recordar que los trenes de aquel entonces contaban con tres clases de vagones.
  1. Los vagones de primera disponían de butacas, calefacción y estaban prácticamente cerrados al exterior para que sus pocos viajeros estuviesen cómodos en ellos.
  2. Los de segunda eran prácticamente igual, pero había un mayor número de pasajeros.
  3. Y los de tercera constaban de asientos de madera corridos. De calefacción ya ni hablamos y del número de personas aglutinadas en ellos, tampoco.
Hay algunos detalles que no debemos pasar por alto. Por ejemplo, entre la muchedumbre del fondo, se adivinan algunas cabezas de mujeres. Estamos posiblemente ante una alusión a la prostitución de aquellos tiempos de la Revolución Industrial. Tal y como desgraciadamente ocurre hoy, las mujeres francesas de aquellos años también abandonaban su ciudad natal en busca de un trabajo mejor en las grandes urbes, algo que evidentemente en muchos casos no conseguían. Muchas de ellas terminaron ejerciendo la prostitución como único recurso para poder subsistir.

El manejo de la luz en este cuadro es magistral, y aunque la gama de colores es escasa, eso no impide que transmita la sensación que Daumier pretendía. Tal vez se tratase de una escena de final del día, cuando los trabajadores se desplazaban desde su puesto de trabajo hasta su casa, de ahí los colores cálidos de la puesta de sol. Recuerda en gran medida -y salvando las distancias- a las obras de Rembrandt y al Barroco, que por cierto, tanto le gustaba.

No obstante el tema es plenamente actual. La obra se enmarca dentro del realismo pleno cuyo objetivo fundamental era el estudio de los usos y costumbres la sociedad para, posteriormente, plasmarlos a modo de denuncia política.

Por eso obras como esta, más que obras de arte, son testimonios de un estilo de vida basado en la precariedad laboral de los más desfavorecidos. El trabajo en las ciudades, la insalubridad, los excesos de la vida en sociedad y, en definitiva, el malestar social fueron fuente de inspiración para muchos artistas como Daumier.

Personalmente esta obra me recuerda mucho a "Los comedores de patata" de van Gogh. Aunque la temática es distinta, su significado, finalidad e intencionalidad es muy semejante; e incluso la forma de encuadrar las escenas, dotar de expresión a los personajes y aplicar la gama de colores y luz tiene mucha relación.

"Los comedores de patata", Vincent van Gogh, 1885, Museo van Gogh, Ámsterdam.

Y es que él, como pocos, supo transmitir esta idea a través ya no sólo de los cuadros, sino también por medio de caricaturas, dibujos, pequeñas ilustraciones o incluso medios de comunicación, como la prensa o las revistas satíricas. El objetivo era emplear su buen hacer artístico para transmitir un mensaje político. Su ideología era de izquierdas y por ello se implicó personalmente en sucesos políticos del momento muy relevantes de la Francia del Siglo XIX, tomando parte en la Revolución de 1830 y criticando al rey Luis Felipe. Más tarde apoyaría la Revolución de 1848 y se implicó profundamente en la II República Francesa y la Revolución de 1870.


Recursos:
  • http://arte.laguia2000.com/pintura/el-vagon-de-tercera-de-daumier
  • http://www.artehistoria.com/v2/obras/4176.htm
  • http://contemplalaobra.blogspot.com.es/2011/05/daumier-el-vagon-de-tercera.html



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